julio 9, 2015
Internacional
Un crucifijo montado sobre una hoz y un martillo. Ese fue uno de los regalos que el miércoles recibió el papa Francisco de manos del presidente de Bolivia, Evo Morales, tras la llegada del pontífice a La Paz.
El presente del mandatario boliviano, que ha provocado reacciones encontradas, estaba cargado de simbolismo. No solo recodaba el comunismo, también la muerte del sacerdote Luis Espinal, asesinado por las tropas paramilitares bolivianas en 1980.
Espinal, jesuita como el Papa, fue abandonado en una autopista tras ser torturado y asesinado.
El regalo, según la agencia de noticias AP, es una reproducción del mismo crucifijo que llevaba el sacerdote de origen español, vinculado con el movimiento religioso de izquierdas Teología de la Liberación.
El pontífice, tras su llegada a Bolivia, se acercó al lugar en el que apareció el cadáver de Espinal para orar. Dijo que el cura “predicó el evangelio y ese evangelio molestó y por eso lo eliminaron”.
Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo cualquier medio electrónico o magnético.
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